viernes, 6 de febrero de 2009

El poder de una sola palabra

Desde hace un tiempo he reflexionado sobre todo lo que se puede construir y a la vez destruir con sólo una palabra. En ocasiones no medimos lo que decimos; y en otras, emitimos pocas. Al pronunciar palabras sin tener conciencia de la reacción que tendrá nuestro receptor, corremos el riesgo de cambiar, de manera parcial o total, ambos universos.

Cuando estamos enojados, en la mayoría de oportunidades no pensamos lo que decimos. Muchas personas dicen que expresamos todo lo que sentimos sin ninguna restricción. El problema es que al pronunciar un vocablo que denota odio, desprecio o indiferencia, estamos destruyendo a la persona a la que nos dirigimos, y puede que no sólo a una persona, sino que a un grupo entero.

Por el contrario, existen instantes en que con sólo una palabra podemos arreglar problemas, pedir disculpas, hacerle amena la vida a uno o varios prójimos. Algunas palabras por sí solas pueden y tienen el poder de crear momentos memorables. La palabra positiva es la que más queremos oír, y contradictoriamente es la que menos nos esmeramos en decir.

Con sólo una expresión, buena o mala, tenemos el poder de hacer feliz o infelices a quienes nos dirigimos. Es nuestra responsabilidad el efecto que tenga en nuestros receptores esa única y sola palabra que podamos llegar a expresar.

Y ahora… ¿quién podrá defendernos?


¿Estamos seguros los jóvenes en El Salvador? ¿Alguien se preocupa por salvaguardar nuestra integridad física, mental y moral? ¿Por qué nuestro gobierno salvadoreño se rehusó la Convención Iberoamericana? ¿Acaso para nuestros dirigentes no significamos nada?

El gobierno salvadoreño se ha negado a firmar la Convención Iberoamericana de derechos de los jóvenes, adjudicando que viola las leyes de la constitución política de El Salvador. Esto se debe a que una de las leyes dice: “Todo ciudadano mayor de edad tiene la obligación de enlistarse en el ejército, en caso de guerra, para defender a su país”. Esta ley es contradicha en la Convención porque allí manifiesta que “Los jóvenes tenemos derecho a la vida, la paz, pero sobre todo, derecho a formular objeción de conciencia frente al servicio militar obligatorio”.

También se niegan a firmar porque alegan que el Estado tiene instancias que garantizan el cumplimiento de los derechos de los jóvenes. Una de ellas es la Secretaría Nacional de la Juventud. Dicha instancia no promueve derechos ni deberes, sólo pequeñas actividades de distracción y esparcimiento para los jóvenes.

Otro de los derechos de la Convención que contradice a las leyes salvadoreñas es: “Los jóvenes tiene derecho a la libertad de expresión, reunión y asociación. Este derecho viola la ley de asociaciones ilícitas. Esta ley fue aprobada con el plan “súper mano dura”, impulsado por el presidente de la República Elías Antonio Saca. La ley dicta de la siguiente forma “Si cuatro personas o más están reunidas en un mismo lugar, infringen en el delito de asociaciones ilícitas”. Por lo tanto, parte de ese derecho no se puede cumplir en El Salvador.

Para concluir, los jóvenes salvadoreños no tenemos amparo en ninguna instancia dada por el Estado. Nuestro gobierno nos ha dejado a un lado; no hay leyes que nos protejan; no tenemos derechos como jóvenes. La gente siempre dice “Los jóvenes son el futuro del país”, pero yo siempre he creído que somos en presente. Si no tenemos dónde refugiarnos ni como desarrollarnos, bonito futuro el que nos espera a nuestro país.


jueves, 5 de febrero de 2009

Gente importante en mi vida y yo

Te voy a extrañar



Querida prima, es difícil decir para mí que no te extrañaré, aún no te has ido y ya siento tu ausencia. Quisiera que tu decisión o tu forma de pensar fuera diferente, pero no hay nada ni nadie que te detenga.

Karencita, ¿recordás cuando éramos un par de bichitas piojosas? Ja ja ja. Yo sí lo recuerdo. Evoco aquellos tiempos en que no podíamos ni vernos, nos detestábamos a más no poder. También viene a mi mente cuando en las vacaciones nos mandaban a casa de la abuela y pasábamos peleando “all the time”, como diríamos ahora. La vez que te tire un mango en la cabeza y pasaste llorando toda la tarde. ¡Qué tiempos aquellos! No te imaginas cuánto te voy a extrañar.

Nuestra relación siempre ha sido de amor y odio. Días de peleas que parecían que jamás volveríamos a ser amigas, y días de fraternidad y diversión sin fin. Te quiero, gorda, y necesito que sepas que vos más que mi prima sos mi amiga; y más que mi amiga, sos mi hermana.

Te voy a extrañar tanto como no tenés idea. Todos los momentos que compartimos los tengo muy guardados en mi corazón, desde los más amargos y pequeños hasta los más divertidos y grandiosos. Me hará falta sentarnos por las tardes en mi sala, o en la tuya, para hablar de amores y decepciones, quién mejor que nosotras para tener relaciones interpersonales conflictivas. No tendré ya nadie quien limpie mis lágrimas, ni tendré a quien secárselas. Ya no existirá más “el dúo dinámico”, ni tampoco tendrá vida la frase “las primis”.

Por otra parte, no sé si enojarme con vos porque te vas o con este gobierno de mierda que de cierta forma está obligando a que te vayás. Sí, mejor me enojo con el gobierno, total, ya me ha causado otros sufrimientos. Sos la tercera parte de mi corazón que este mal gobierno me quita. Espero en Dios que sea la última, creo que no soportaría la partida de alguien más; pero ya dejemos a un lado mi desconsuelo y quejas y vamos a mis buenos deseos.

Espero que en Italia seas muy feliz, que tu futuro sea mejor, y que por supuesto nunca olvides tus raíces, tus valores y todo lo que aquí nuestra familia te enseñó. Que nada ni nadie cambie tus convicciones ni tus sueños.

Recordá que siempre voy a estar para vos. ¡Gracias a Dios existe el Messenger! Y de nuevo ¡gracias a Dios que es nuestro pasatiempo favorito! Así que incomunicadas no estaremos. Te quiero un millón.